Tinder está modificando la idea de las relaciones

dos personas besándose en un atardecer VS las relaciones modernas encontradas en Tinder. Pero no solo Tinder es quien modifica la idea de las relaciones. La nuestra es una sociedad de consumo, que solo con la producción desechable ha sido capaz de darle cuerda al engranaje. Y de eso, ni el amor ni las relaciones se salvan.

Bien decía Zygmunt Bauman que “nos hallamos en una situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista.” Y cómo no, si hemos sido criados bajo ideales de belleza, relación de pareja, y éxito que no son sostenibles ni genuinos, y al darnos cuenta de que no son reales, en gran medida generamos una frustración que aunque no se satisface con lo material, nos ha hecho creer que sí, porque uno no compra solo un vestido, compramos la sensación de seguridad que creemos que vamos a encontrar dentro de él.

Por eso, cuando vemos que las emociones que no podemos saciar están empacadas, las compramos. Pero después, como el maquillaje, tenemos que quitarlo al terminar la noche y ver la realidad. Ahí es cuando llega la frustración constante que tenemos que volver a cubrir, y empieza un círculo vicioso. Porque al terminar la noche no soportamos la insoportable realidad de no ser quienes queremos ser, y quienes le hemos hecho creer al mundo que somos. No soportamos la realidad de no ser eso a lo que las personas le dan like.

Hoy una persona es una empresa. Los influenciadores son expertos en esto, y con ellos están trabajando muchas personas para hacerlos ver como los vemos. Están quienes los visten, les toman las fotos, los maquillan, les crean una historia qué contar, los asesoran y hasta los contienen cuando no pueden más con la farsa de vida que han creado. ¿Cómo competir contra personas falsas que nos dicen cómo tenemos que vivir?  Imposible, no se puede. ¿Y cómo hacerlo contra las parejas perfectas de nuestras redes? Tampoco se puede. Las parejas de instagram se asemejan a lo que fue Disney en los 90: la venta de un ideal de amor y de seres humanos que son inexistentes e inalcanzables. Lo más grave es que hoy ese ideal se viste mucho más de realidad de lo que lo hacía antes.

Eso lleva a la fragilidad de los vínculos humanos. Hoy no nos interesa arreglar nada, creemos que podemos comprarlo todo. Nos han dicho millones de veces que todo lo podemos elegir como en el supermercado, hasta a la pareja. Sino, hablemos de Tinder, una aplicación que llegó en el 2012 para quedarse. Con una sola promesa: desliza, haz match y chatea. Simple, sencillo. ¿No te gustó? A un clic puedes eliminar a esa persona de tu vida y jamás volver a recibir un hola del sujeto. Fin del problema ¿no hiciste match con la persona que querías? ¡No importa! Hay millones como él, solo tienes que seguir deslizando el dedo hacia la derecha, y ¡tarán! encontrarás tu príncipe azul.

Sí, príncipe azul porque bajo otros matices y parámetros, seguimos teniendo un imaginario parecido al que teníamos antes. Ahora tal vez no sea el príncipe azul de Disney, pero sí, tal vez, es el que te toma la mano en diferentes lugares del mundo y sube las fotos a su instagram.

Pero Tinder, más que una aplicación para conocer el amor (porque aunque casos se han visto, nunca se ha vendido como tal) modifica la idea de las relaciones. Nos hace pensar que como todo hoy, el amor es algo que se desecha, la pareja es algo que se elige como en una revista, y nos dice que, como esa persona, hay millones más que también quieren conocerte, así que no te preocupes que puedes desechar ese y millones más, porque son solo un pez en el mar.

Tinder levanta el autoestima, y en esta sociedad egocéntrica y líquida, es bien pertinente. Lo difícil es que, como el maquillaje, al final de la noche te das cuenta de que es momentáneo, es solo un disfraz que te ayuda a cubrir las imperfecciones, en este caso, del alma, del ser, de la ausencia de relaciones de valor que tenemos en la vida pero que no somos capaces de enfrentar. Porque hoy es mejor ser fuertes para desechar una relación, que para arreglarla y construir un camino.

Y bueno, el amor que considera valioso el mirar a los ojos, el no saber si la persona tiene interés, intercambiar miradas sin saber a ciencia cierta si hay un gusto, todo eso lo perdemos por la incapacidad de esperar, por priorizar la inmediatez y la “perfección”. No sé si esto es ser muy chapado a la antigua, pero prefiero mil veces descubrir y vivir la primera etapa de las relaciones, que saltarla y desechar a quien podría ser una gran persona, como tú, como yo.

Y aunque esto no es una invitación a eliminar Tinder de tu teléfono, sí lo es para hacer mas consciencia del valor de los vínculos en una sociedad egocéntrica y materialista.

By | 2018-10-01T16:26:44-05:00 octubre 1st, 2018|Sin categoría, Sin Filtro|1 Comment

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One Comment

  1. […] vuelvo y les hablo del tema del poliamor, y no para alimentar esas relaciones líquidas de las que habló mi amiga Helena, sino, por el contrario, entender y crear nuevas formas de amar y […]

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