¿Te acuerdas dónde aprendiste a follar?

La primera vez que vi como se “hacía el amor”, el famoso acto de “pureza” que ni la virgen María pudo hacer porque era pecao’ y solo, me decían, puede realizarse con una persona amada, a quién le entregarás tu “virginidad”, te casarás y tendrás hijos por cesárea, fue con mis primas, en la televisión de mi abuela, en una madrugada cualquiera y por casualidad. Los protagonistas eran una chica de grandes tetas y fuertes gemidos, acompañada de un super ken/agresivo y lo que hacían nada tenía de ingenuidad, eso era follar.

Esas noches de porno (porque fueron varias), de ver sin parpadear, con el televisor en mute, por pura y sana curiosidad, no solo conocí cómo era eso del acto sexual, también comencé a crear mi propia versión del amor; lo cual fue muy extraño, porque era una mezcla entre la Cenicienta y Esperanza Gómez, pero… ¿qué más se podría esperar? si nunca cuando era pequeña, incluso adolescente, me contaron que pasaba después del beso en los cuentos de hadas, de cómo fue que a las princesas les llegó la “regla” y cómo supieron por cuál “huequito” era la vaina.

Hace poco me enteré de una publicidad acerca de una “nueva forma de ver pornografía”, en esta, nos inducen a pensar la gran problemática que ha desenlazado el porno tradicional, pues se convirtió en el gran ente educador de la sexualidad, dando origen (una hipótesis muy adelantada) a una sociedad falocéntrica, violenta e insatisfecha. Y es que si tanto criticamos las princesas por ser puro cuento, es importante observar como aquello que muestran en las virulentas páginas de porno, en los programas en la madrugada, revistas de empelotos y canales despues del 100 también LO SON.

En mi caso, estudié en un colegio que, para suerte de mis tías y abuelas era de monjas, en el que nunca me enseñaron que mi vulva tiene varios labios y “huecos” (esto me sorprendió mucho saberlo), que tengo un clitoris que crece cuando está excitado y que mis senos son para algo más que dar comida a las crías, son una zona altamente erógena. Aunque la verdad, mi padre, cuando mis primos y yo teníamos más o menos 17 años decidió darnos una charla sobre educación sexual; nos enseñó qué es cada parte del cuerpo, cómo se realiza la penetración, la importancia de respetarnos, dejarnos sentir y por supuesto, cómo se pone un condón (con el banano, básico). Lastimosamente solo fue una y fue muy tarde, para ese entonces la mayoría ya habíamos experimentado encuentros sexuales absolutamente improvisados.

Mirándolo ya, desde este punto de vista, un tanto más crítico, evaluando mi autodidacta aprendizaje y los silencios cómplices de mi colegio y mi familia, me pregunto qué hubiera pasado si ¿la charla que nos dio mi padre hubiera sido desde antes y no solo hubiese sido una?, ¿si el misterio con estos temas se hubiera resuelto desde niños, poco a poco? Creanme, que yo para ese día ya había tenido sexo, ya me había hecho dos pruebas de embarazo y ya había fingido a un hombre que sabía cómo venirme a chorros. Ya me había sentido mal un montón de veces por no tener el cuerpo de las chicas que salen en las novelas o en las películas porno, ya había gritado lo que no tenía en la cama de algún man, y peor aun, luego de esa charla lo seguiría haciendo por varios años y encuentros.

La generación que se ama y folla a lo bien.

Ya vemos, poca educación sexual es igual a problemas en el reconocimiento personal y sexo idealizado. Pero ¿qué pasa con el amor que antes mencioné?, pues la historia es similar a la del sexo, la forma en que aprendemos a amar nos la ha transmitido lo que vemos y escuchamos, y no creas, el porno también nos está educando con respecto a nuestras relaciones afectivas, con una mezcla de novelas mexicanas, claro está. Entonces, la relación que construimos sexo-amor, se ha basado en la idea de que: “al que se ama se ahorca o se golpea”, “se retienen siempre cediendo en el sexo” y “se trata como doritos con malta”, de forma egoísta (me gustan los doritos con malta, lo siento) o ese último nugget de milo que queda en el paquete, al que nadie puede mirar ni por insinuación porque es “solo de uno”.

Los cuerpos se convierten en objetos de uso y pertenencia, para no ir tan lejos entremos a facebook o escuchemos “las canciones del momento”. Sin Embargo, soy una fiel creyente de que a esta generación le gusta tomar conciencia, no solo para reeducarlos, que es un tema muy trillado, si no porque nos gusta sentir y hacer sentir diferente, como ejemplo estamos acá hablando de estos temas, somos una nueva generación que se ama y folla a lo bien.

Comprendemos entonces que el sexo y el amor son sin duda experiencias deliciosas, que cuando duelen es porque algo no está funcionando, porque a veces por más que nos acomodemos chuza y por más que nuestra razón quiera ya no mojamos más. Que no es necesario esperar que el man se venga para terminar una relación, ni esperar que se aburra para decidir cortar un amor. Estamos tomando conciencia de la importancia de aprender a explorar nuestro cuerpo. Mujeres ¿cada cuánto nos estamos masturbando? ¿saben cuál es el punto G del hombre y lo estimulan? hombres ¿saben qué le gusta a su pareja que le hagan? ¿de verdad saben que el clítoris queda más abajito y hay que hacerle suavecito? (POR FAVOR, suavecito).

Además, vuelvo y les hablo del tema del poliamor, y no para alimentar esas relaciones líquidas de las que habló mi amiga Helena, sino, por el contrario, entender y crear nuevas formas de amar y follar sin maltratar. Obviamente esto es una utopía, claro que lo es, pero como todo, lo que se requiere es conciencia, individual y colectiva. Ver mejor porno, por ejemplo, más real, hay muchos colectivos, como este o este, que están trabajando temas eróticos, muy interesantes y para mi, más placenteros.

Ahí nos cuentan cómo les va y cómo ustedes aprendieron a follar…

By | 2018-10-08T03:45:01-05:00 octubre 7th, 2018|Sin Filtro, Sin Verano|1 Comment

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