Ser mujer tiene impuesto y es rosa

Uno va feliz por la vida, saltando de flor en flor, sintiendo el calor del sol y la brisa en las mejillas, hasta que llega la hora de cortar el cordón umbilical, irse de jeta contra el planeta y encontrarse con algo llamado el impuesto rosa.

Sentirse orgullosa de ser mujer es una cosa, pero costear esa vida y no quebrarse en el intento, es todo un complique. Así que, ¡buena suerte amigas! Y no me refiero a aquellos lujitos con los que soñamos de vez en cuando, sino al mundo que nos recibe a las mujeres con un robo a mano armada y nosotras parecemos no enterarnos.

impuesto rosa

El impuesto por ser mujer

Todo el tiempo hablamos de la desigualdad de género o de los derechos de las mujeres, pero muy poco nos detenemos a observar algo tan sencillo como los precios en el supermercado. En muchos casos, se ha demostrado que un producto puede aumentar significativamente su precio si tiene un empaque rosado con florecitas. A esto se le conoce como el “impuesto rosa”, una exageración del marketing que profundiza los estereotipos de género y nos cobra de más por el chiste.

Un ejemplo memorable es el de Ellen Degeneres y los Bic fo her. Bolígrafos diseñados exclusivamente para mujeres, sí así de ridículo como suena. Alerta de spoiler: hay uno rosado y uno morado en un lindo empaque. Como este, hay infinidad de ejemplos: cuchillas de afeitar, jabones, ropa y hasta utensilios de cocina. A todas estas, para fortuna de mi economía, confieso que amo esos pares de tenis de colores neutros. Cuando quiero unos, me voy directo a la sección de hombres, o incluso de niños. La compra me sale por la mitad de lo que me hubieran costado aquellos con brillantes. Les cuento un secreto, si lo combino con una camisa de hombre, tipo boyfriend style, ¡me veo aún más regia!

Productos de lujo de primera necesidad

Ahora hablemos de algunos productos de primera necesidad para nosotras que son grabados con impuestos. ¿Se han preguntado cuánto gastan al año en toallas higiénicas y tampones? Claro, existen alternativas como la copa o las toallas de tela, pero ajá, no todas podemos acomodarnos o acceder a este tipo de productos. Tampoco tenemos la opción de dejar de sangrar si nos colgamos en el presupuesto a final del mes. Las toallas higiénicas y los tampones cuentan con un impuesto adicional en muchos países, como productos de lujo. No escogimos tener el periodo y aparte nos toca pagar por eso.

Nada distinto tiene el caso de los anticonceptivos. Ese fantasma de no quedar embarazadas antes de tiempo nos persigue constantemente. Nos obliga a estar prevenidas por nosotras y hasta por ellos. Así que intentamos no escatimar en gastos a la hora de comprarlos, pero una cajita de estas a $50.000 pesos (aproximadamente USD$17) mensuales, es un gasto muy difícil de mantener. Además toca pagar los servicios públicos, el mercado, las cuchillas de afeitar rosadas y las toallas higiénicas. Un guayabo económico que se suma a los cambios hormonales y físicos “normales” para las consumidoras de las píldoras. Hombres, en serio, ¿muy jodido tomar una píldora diaria y manejar uno que otro mal genio o las ganas de llorar?

Ok, sí, no todo tiene impuesto rosa

Existen productos y servicios que no usan los hombres y por eso, no hay manera de compararlos para saber si cuentan con el impuesto rosa. Sin embargo, muchos de ellos forman parte de una cultura cargada de prácticas y estereotipos impuestos durante nuestra crianza: el maquillaje, la manicura y pedicura, la depilación, los tacones, el brasier. Todas sabemos lo difícil que es conseguir un trabajo donde no exijan este tipo de cosas. O qué tal aguantarnos a la mamá, la abuela o la tía, con esa mirada desafiante que solo ellas pueden hacer y diciendo “¿Va a salir con esa ropa?”, “¿no le da pena andar siempre desarreglada’”, “al menos échese un poquito de rubor”.

Y sí, así continúa la cosa. Nacer con vagina no es nada fácil en un mundo que no está diseñado para nosotras. Lidiamos con infinidad de estereotipos y conseguir trabajo sin tacones y maquillaje es bastante difícil. Para completar, el mundo no nos considera en igualdad de capacidades y la asignación de salarios se burla constantemente de nosotras. Dinero que, cuando hay, a pesar de todo, sabemos distribuir muy bien para poder seguir a flote a final de mes.

 

No hay derecho.

 

 

By | 2018-11-06T11:01:47-05:00 noviembre 5th, 2018|No hay derecho|1 Comment

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One Comment

  1. […] Ojalá de algo te haya servido este artículo, más cuando sabemos que ser mujer tiene un impuesto, y es rosa. […]

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